Memorial de Salvador Távora

Salvador Távora
De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Quejío, Herramientas, Andalucía Amarga y Los Palos.

Ha transcurrido un año del fallecimiento de Salvador Távora y aún es posible oír los ecos de sus obras fundamentales en el Centro de Investigación y Recursos de las Artes Escénicas de Andalucía (Cirae): la revolución que supuso Quejío con su cante de compromiso y denuncia entre candiles y aperos rurales, el uso poético de las máquinas en Herramientas, la evocación del asesinato de Lorca en Los Palos, el drama de la emigración en Andalucía amarga, el drama dionisiaco de Las Bacantes entroncando con la tragedia griega, la lidia transformada en dramaturgia escénica en Piel de toro o Don Juan en los ruedos.

El espacio de la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico -radicado en la antigua iglesia sevillana de Santa Lucía- se ha convertido en un lugar indispensable para el estudio de la dramaturgia de Távora y de su mítica compañía, La Cuadra. Allí, depositados desde 2013, se conservan carteles, fotografías, vestuario, escenografías, recortes de prensa y elementos singulares que dan testimonio de casi medio siglo de trayectoria teatral -desde comienzos de los años setenta hasta la actualidad-, con más de 5.000 representaciones ante más de tres millones de espectadores hasta en 35 países diferentes.

Publicidad

En total, son más de ocho mil piezas que permiten trazar el contorno exacto de un creador que desde los talleres mecánicos de la fábrica de tejidos de Hytasa -donde trabajó como soldador mecánico- creó un singularísimo lenguaje escénico lleno de hallazgos intuitivos y geniales que la crítica ha comparado con Grotowski, Peter Brook, Tadeusz Kantor, el Living Theatre, el Bread and Puppet o, incluso, el movimiento Fluxus. Con tremendas dosis de audacia e intuición, Távora situó al teatro andaluz en el mapa internacional, tal como se descubre por el impacto de sus dos primeras obras, Quejío (1972) y Los palos (1975).

«Creo que en los dos espectáculos de Salvador Távora y en el trabajo del grupo radica una propuesta estética, una independencia ideológica y un sentido de la profesión que ya forma parte -y el testimonio internacional, sin valorarlo con ingenuo ‘cosmopolitismo’, sería un dato a tener en cuenta- de la dinámica teatral moderna. Es decir, de aquel teatro -y no hablo estrictamente del espectáculo- que, lejos de reiterar lo establecido, intenta responder con seriedad al proceso de la historia, arraigándose en razones y objetivos -artísticos y sociales que no solían contar hasta ahora», afirmó José Monleón en la revista Triunfo (24 de enero 1976).

Esos materiales dan cuenta, por ejemplo, de una de las grandes conquistas del lenguaje dramático de Távora: la integración de elementos considerados hasta entonces ajenos al teatro como el flamenco. Ese logro, que tuvo un precedente notable en el Oratorio de Teatro Estudio Lebrijano, le abrió las puertas de grandes escenarios internacionales, como el Festival de Nancy -donde representó Quejío, Los palos y Herramientas– y el Kaaitheater de Bélgica, que llegó a producir la cuarta de sus producciones, Andalucía Amarga (1979). De esta aventura más allá de las fronteras españolas hay también rastro en estos fondos, a través de programas, carteles y piezas periodísticas.

En total son más de ocho mil piezas

En la expedición por los documentos de Távora y La Cuadra que alberga el Centro de Investigación y Recursos de las Artes Escénicas de Andalucía -gestionado por la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales- también hay diversos materiales de montajes como Nanas de espinas (1982, inspirada en Bodas de sangre de García Lorca), Piel de toro (1985) y Las Bacantes, estrenada en el Teatro Español de Madrid en abril de 1987. De esta incursión del dramaturgo sevillano en el clásico de Eurípides se conservan, además, algunos elementos del vestuario, así como unos curiosos bocetos escenográficos hechos a lápiz y con pintura acrílica.

También, entre las piezas más curiosas, se conserva una maqueta de la escenografía de Crónica de una muerte anunciada (1990), donde Távora llevó a las tablas la novela homónima de Gabriel García Márquez tras internarse -una vez más- en la realidad andaluza con Alhucema (1988), estrenada en el Festival de Mérida. Hay, por último, testimonios de las últimas etapas de su producción, donde la producción Carmen, ópera andaluza de cornetas y tambores (1996) se convirtió, quizás, en su trabajo más aplaudido, acumulando un amplio número de representaciones por las plazas de toros de todo el mundo.

El Fondo de la Agrupación Teatral La Cuadra de Sevilla da cabida a sus últimos trabajos, como Don Juan en los ruedos (2000), Imágenes para Carmina Burana (2003), Yerma Mater (2005), Rafael Alberti, un compromiso con el pueblo (2010) y Memoria de un caballo andaluz (2012), así como la reposición de Quejío, cuando se cumplían 45 años de su estreno. A lo largo de todos estos años, Salvador Távora -seguido siempre de cerca por su inseparable asistente, la francesa Lilyane Drillon- logró el premio Max de Honor, la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes y el Premio de Honor del Teatro Andaluz, además de la Medalla de Andalucía concedida en 1991 a la compañía La Cuadra.

Todo este material de Salvador Távora está a disposición de los interesados e investigadores en el Centro de Investigación y Recursos de las Artes Escénicas de Andalucía (Cirae), que además lo ofrece a través de Elektra, el Archivo Digital de las Artes Escénicas de Andalucía. Son, en total, más de 8.400 objetos, entre los que sobresalen los 443 carteles de sus espectáculos o de su participación en festivales y espacios escénicos de todo el mundo y en torno al millar de programas de mano. Es el memorial de un creador, inmenso, curioso y autodidacta y un hombre comprometido con su tierra que resumió así su trabajo: «Yo busco a Ulises por las esquinas de mi barrio».

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.